Los japoneses no terminan de sorprendernos con su credibilidad y respeto

A una semana que se desataron las catástrofes naturales en Japón, con el incendio en la central nuclear de Fukushima incluido, nadie podía llegar a imaginar que todo empeoraría. Es que la crisis nuclear, de ribetes insospechados, se avizora más letal que el propio terremoto y el posterior tsunami del pasado 11 de marzo.

Pero lo que más ha llamado la atención al mundo, desde un comienzo, fue la tranquilidad con que los japoneses viven este desastre y sus consecuencias. Hace unas horas, sin ir más lejos, leí en Terra Chile que una nipona aseguró en su blog que los “trabajadores de Fukushima estaban preparados para morir”.

Los reactores 3 y 4 de la central de Fukushima - Foto: tn.com.ar

Tras algunos años de intentar conocer cómo funcionan las sensibilidades niponas y la manera en que esta sociedad confía en sus autoridades es realmente sorprendente, llegando incluso a querer morir por su país, puede sonar muy idílico, pero vaya que es real al leer a esta chica. Anoche pensaba que las personas que luchaban por controlar la crisis tenían familias detrás y que simplemente reciben órdenes para seguir socorriendo a pesar de arriesgar sus vidas. Sin embargo, al enterarme de esto, toda esa hipótesis -casi de corte militar- se derrumba estrepitosamente.

La joven, quien es novia de uno de los trabajadores de la planta nuclear, posteó también que “no hemos parado de trabajar, incluso a oscuras, arriesgando nuestra vida por las radiaciones, para recuperar la normalidad de la central”. Además de lamentar la actual situación de Fukushima, espera que la población no los responsabilice por lo ocurrido.

Hasta el jueves 17 Japón aún catalogaba la crisis en Grado 4.

A tanto llega la confianza en el Gobierno y en la ardua labor de conducir al país y sus ciudadanos, que los japoneses nunca han osado pensar en escuchar a Francia, país que catalogó la crisis que vive la Central Fukushima Daiichi con nivel 6: accidente importante, uno menos que el máximo en la Escala de Eventos Nucleares Internacionales (INES por su sigla en inglés), al nivel que llegó el tristemente conocido caso en Chernóbil (1986). Esta confianza plena es más “extraña” inclusive para el mundo latinoamericano, donde la credibilidad de sus autoridades siempre está en tela de juicio.

Japón durante los primeros días había identificado la emergencia nuclear como un “accidente sin riesgo fuera del emplazamiento”, vale decir, de grado 4. Es que recién siete días de comenzada la emergencia, el gobierno japonés admitió hoy que la situación es más grave de lo que venían informando y, por lo tanto, la elevaron a cinco.

Aún así es inferior a lo que señala Francia y la comunidad internacional, sin embargo, los japoneses y su fecunda historia no serán sencillos de abatir y eso además de admirable, me deja algo más tranquilo.

Otro tema que se desprende del anterior, es la escasez de imágenes en que los nipones aparecen sufriendo por la tragedia, explicada quizás por esta confianza de la que hablábamos, pero además poco han mostrado cadáveres tras el tsunami. Y no es que no los hayan, pues se esperan alrededor de 10 mil víctimas fatales. Es, en definitiva, otra cultura: una que respeta a los muertos y es la misma que a ojos cerrados puede creer en lo que sus autoridades dicen. No por nada poseen siglos de historia y estamos años luz de ellos.

¡Fuerza Japón!

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