Un año más: Cierre y apertura de un ciclo

Tras los abrazos, la champaña y los fuegos artificiales, todo comienza otra vez. Llega enero y muchos comenzarán a pagar los regalos de Navidad, aunque otros ya tienen listas las maletas para irse de vacaciones. El sol, el mar, la arena que se mete hasta los lugares más insólitos no pasan desapercibidos por esta época. Los “fomingos” quedan atrás, porque la verdad todos pierden la noción del tiempo, total ¡qué más da!… es época estival. Eso me hace preguntarme, ¿por qué se llama así?… estival… será por los “estivales” que se ponen de moda en estos días. Sí, el más importante es el “Estival” de la Canción de Viña del Mar. Lo sé, es un mal chiste, pero ¿acaso ustedes tienen una explicación mejor?

En estos días, además, los que rindieron la PSU conocen su realidad al enterarse de sus puntajes y luego, la postulación, si es que alcanzó, sino para qué. Mejor meterse a un intensivo para preparase para la próxima Prueba de Selección Universitaria. O sino, otra opción es una U privada, un CFT o un Instituto Profesional, que tampoco está mal, total, hace décadas que vengo escuchando que las carreras técnicas son las que convertirán a Chile en un país desarrollado.

A ciertos individuos les cuesta acostumbrarse a anotar el nuevo año en cualquier papel, por eso salen muchos cheques protestados y uno que otro se “avispa” y saca partido de este tipo de situaciones. Nunca faltan.

Muchos tras los regalos en diciembre, ahora piden el crédito de turno para alejarse del stress habitual y se estresan ahora con las vacaciones: que el lugar, que la plata, que el traje de baño no me entra, que la dieta (para algunas), en fin. Por eso, llega febrero, el día uno de ese mes: es terrible. Es el comienzo del fin. Sí, porque como es el mes más corto del año, todos comienzan a quejarse de que las vacaciones ya se van y apenas se ha podido disfrutar de los amenos días sobre los 30º centrígrados. ¿Ya mencioné la época festivalera? Sí, creo que sí. El Jet Set criollo codeándose con lo más selecto… que se pudo traer para esta versión.

A finales de febrero, los pinguinos vuelven a las andanzas, que el uniforme, que los zapatos, el bestón, las blusas de las niñitas y no se olvide de coser la insignia que se despegó el año pasado. Los universitarios también, aunque los “novatos” tienen todas sus espectativas puestas en que su elección en la postulación fue la correcta.

En pleno marzo, los mismos se arrepienten cuando son víctimas del clásico “mechoneo”. Pero todo es superior a esos estimulantes desagravios que incluyen huevo podrido, pescado, ataduras, pintura y quien sabe qué mas. Vuelvo a referirme a los padres y el mundo adulto en general, es momento de encalillarse en otro crédito, quizás. Es que el instinto de ahorro está extinto, al parecer. Todo el mundo regresa a la rutina, su propia rutina: levantarse temprano, marcar tarjeta (en todo sentido), comer apurado, a veces ni siquiera comer, dormir mal. Todo se traduce en STRESS. Así con letras grandes. Cada uno piensa para sí: “Este será un largo año”.

Por eso abril, nos recuerda que el verano ya se acabó hace rato y que sólo debemos concentrarnos en nuestros quehaceres. Todo por una razón mayor: poder darle todo a tu familia, o si vives para ti, para estar en las mejores condiciones. Sabes que todo es para mejor, para tu futuro profesional, siempre haciéndote un tiempito para el placer. Esas cosas que te gustan y que nadie te puede quitar, todos tenemos nuestros propios planes. Sin embargo, no dejas de esperar el 1 de mayo, un feriado. Y el 21, el combate de no se qué, qué importa, ¡hay que descansar!. Total “si trabajo o estudio tanto, me lo merezco”. El único problema es que en la tele están dando la cuenta anual de la Presidenta y es eterna. Pero sin duda, lo más importante de este mes fue el Día de la Madre. Casi lo olvidas, pero nadie se dio cuenta. Justo un día antes, tu hijo te lo recordó cuando escondía el trabajo manual que hizo en el colegio, con mucho cariño para la mujer que le dio la vida. Tu vida ya está a salvo, pues ya le compraste un obsequio especial. Es momento de recordar cuán importante ha sido ella en tu vida. Ojalá almuerzo familiar, con todos, pero todos reunidos.

Junio ahora te da lata, porque eliminaron el festivo de Corpus Christi, cosa que no tienes idea de qué se trata, pero lo bueno es que lo cambiaron para el 16 de julio. Fecha en que tal vez tus hijos estén de vacaciones de invierno. La lluvia no será excusa para no salir de la casa. Podrás compartir con ellos. Llevarlos a ver la película para niños de moda, pero hay un problema, todavía no te das cuenta que ellos detestan esas pelis para “cabros chicos” y quieren ver la última basada en el videojuego de ciencia ficción en la sala de al lado. Distinto a lo que pasó en mayo, el Día del Padre no tuvo tanta repercusión como el de tu pareja. Creen que con abrazos y buenos deseos quedarás pagado, pero lamentablemente no es así.

En agosto, te preocupas al fin de tu viejo, que ha estado medio mal de salud. Es que esa superstición en la que no crees, te da ganas de saber de él. De algo que sirva. Pero también es el día del niño. El niñito de mamá, cumple 30 y es necesario hacerle un regalo. Atentos, que ocurre. Además, es el mes del corazón (con comerciales de lo efectivo que es la aspirina para prevenir ataques cardíacos) y de la solidaridad, aunque cueste decirlo de corrido, las iniciativas como Un Techo para Chile, renacen en gloria y magestad.

Septiembre: Este mes merece una mención especial. Es que desde el primer día, el olor a empanada y a vino tinto se siente por doquier. Se eleva el bastión nacional en la mayoría de las casas del país y apenas se tiene un tiempo libre es necesario, es primordial, es imperativo: hacer un asado. Es uno de los meses en que más se revisa el calendario, claro, hay que saber cuantos días de celebración habrá y si se puede hacer “sandwich”. Todo gracias a nuestro mundo trabajólico, pero poco productivo. Tras la resaca, es momento de volver a la rutina y piensas: “Este año ha sido eterno y muy duro”, mientras secas tu esforzada frente. Además, recién comienza la primavera y no sabes aún que te tiene deparado.

Llega octubre y se aproxima a pasos agigantados el 18 chico. Es que somos pintados para inventar por qué celebrar. Eso lo premio, aunque estamos entre las naciones más infelices de América. Es un mes fome, por que no se sabe más que pensar en lo que viene. Ya se aproxima final de año y en vez de relajarnos porque por fin descansaremos, nos estresamos por las fiestas de fin de año. Es que ya estamos cambiando nuestra tradición de dejar todo para última hora, como las compras de Navidad, por lo que los bancos ya lanzan sus campañas para captar a los nuevos clientes que se encalillan otra vez en otro crédito para comprar la bicicleta del niño que sacó buenos resultados en el colegio. Pero noviembre, ya nos avisa que esto está a punto de acabar. Los alumnos de cuarto medio ya están por salir del colegio y solo les queda rendir la PSU. Sin contar que a principio de diciembre viene la licenciatura, la fiesta… un momento inolvidable (para bien o para mal). Por eso en estos fines de semana veremos a muchas jóvenes con vestidos de gala y zapatos de tacón (les encargo el dolor de pies a las que usaron zapatillas toda su corta vida), junto a sus parejas, estrenando su primer terno, probablemente.

Los universitarios pasando exámenes y los del mundo del trabajo, esperando el aguinaldo o la caja navideña por parte de sus amables jefes. A todo esto, es probable que desde este año, esta “amabilidad” se transforme en obligatoria, gracias a un proyecto de ley. Todo esto para que nuestras compras previas a Noche Buena, no esté ajena al habitual stress-colectivo. Tiendas repletas y te quejas de que todos salgan a comprar a última hora. Es que siempre se te olvida un “engañito” para la nana, para el paco amigo, para la amante o para quien sea. Se trata de vivir una noche de unión. Noche en que todo lo malo queda de lado y es hora de reconciliarse, quizás. Lo cierto es que es una noche especial, seas o no de alguna religión. Pero esto no para, porque en siete días más, se acaba el año y aún falta preparar la mejor cena del año. Tras todo el caos, está todo dispuesto para la cuenta regresiva. Familión listo, champaña, copas… 3, 2, 1, ¡Feliz Año Nuevooooooo!… abrazos y más abrazos… de pronto te detienes a masticar todo lo que haz vivido en tan solo 365 días y dices: ¡Pucha que se pasó rápido el año!

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